• Aunque la presidenta mantiene uno de los niveles de aprobación más altos en décadas, las encuestas revelan una caída gradual y una base de apoyo que podría ser más frágil de lo que aparenta.
Ernesto Madrid
La popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum continúa siendo, en términos históricos, una de las más altas para un mandatario mexicano en su primer tramo de gobierno. Sin embargo, los datos más recientes comienzan a dibujar una tendencia de desgaste que, aunque todavía moderada, podría anticipar el fin de la etapa de mayor respaldo político.
De acuerdo con un análisis de Banamex Estudios Económicos, el promedio ponderado de encuestas de abril coloca la aprobación presidencial en 66%, frente a 29% de desaprobación, lo que representa una caída de dos puntos porcentuales respecto a marzo. El dato, aunque pequeño, confirma que el llamado “periodo de luna de miel” de los primeros meses del gobierno empieza a diluirse.
Aun con este descenso, Sheinbaum mantiene un indicador excepcional en la historia reciente: su nivel de aprobación es ligeramente superior al que tenía Felipe Calderón en el mismo momento de su sexenio y se mantiene por encima de otros expresidentes como Enrique Peña Nieto, cuyo respaldo cayó de manera sostenida durante su mandato. Pero detrás del promedio existe una señal política relevante: las encuestas están contando dos historias distintas.
El estudio de Banamex muestra una fuerte dispersión entre las casas encuestadoras. Un primer grupo —principalmente mediciones online como AtlasIntel/Bloomberg o Morning Consult— coloca la aprobación cerca del 50%, con balances netos muy reducidos.
En contraste, un segundo bloque mayoritario —que incluye encuestas telefónicas y mixtas— ubica el respaldo cerca del 70%. La diferencia es sustancial: Primer grupo: balance neto aproximado de +6 puntos. Segundo grupo: balance neto de +44 puntos

Sheinbaum pierde impulso; popularidad en descenso
Esta brecha no es nueva. Desde el inicio del gobierno, algunas mediciones han captado un desgaste más acelerado, especialmente desde mediados de 2025. Ese deterioro coincidió con episodios políticos sensibles, como el asesinato del alcalde de Uruapan y la movilización de la llamada generación Z, que marcaron un primer momento de tensión social para el nuevo gobierno. Aunque la aprobación repuntó a inicios de este año, en abril volvió a mostrar señales de retroceso.
Pese al desgaste gradual, la aprobación de Sheinbaum sigue siendo sólida gracias a tres factores principales. 1. Programas sociales: El principal activo político del gobierno sigue siendo el modelo de apoyos directos heredado del proyecto político de Andrés Manuel López Obrador. Según encuestas citadas por Banamex, 49% de la población considera que los programas sociales son el mayor logro del gobierno. Durante los últimos meses, cerca de dos terceras partes de los mexicanos califican positivamente esta política. Esto confirma que el voto de bienestar continúa siendo el cimiento electoral del proyecto oficialista.
2. Narrativa de soberanía frente a Estados Unidos: El segundo pilar es político y simbólico: la defensa de la soberanía frente a las presiones de Donald Trump y sectores del gobierno estadounidense. Ante las exigencias de Washington para intensificar la cooperación contra el narcotráfico, el gobierno mexicano ha mantenido una postura firme de rechazo a operaciones extranjeras en territorio nacional. Esta posición tiene respaldo social. Una encuesta de Enkoll señala que 59% de los mexicanos rechaza la presencia de fuerzas estadounidenses operando en México, lo que refuerza la narrativa oficial.
3. Estabilidad económica relativa: Aunque no es el tema más valorado, la percepción del manejo económico se mantiene positiva, lo que contribuye a amortiguar el desgaste político. Sin embargo, los puntos débiles del gobierno también empiezan a reflejarse en la opinión pública. Los dos temas peor evaluados son: Inseguridad y combate a la corrupción. A pesar de que el gobierno sostiene que los homicidios dolosos han disminuido 40%, la percepción ciudadana sigue siendo crítica.
El problema se agrava con la creciente presión de Estados Unidos para investigar la narcopolítica mexicana, especialmente tras las acusaciones contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, señaladas por fiscales de Nueva York. Aunque estas acusaciones aún no se reflejan plenamente en las encuestas, podrían convertirse en un factor de desgaste político en los próximos meses.
El escenario actual sugiere que la presidenta conserva una base de apoyo amplia, pero con señales de fragilidad. El patrón histórico indica que, tras el periodo inicial de entusiasmo, los gobiernos mexicanos tienden a estabilizar su aprobación alrededor del 60% durante el resto del sexenio.
Si ese patrón se repite, Sheinbaum podría mantener un respaldo considerable durante años. Sin embargo, el contexto actual introduce variables que podrían acelerar el desgaste: tensiones con Estados Unidos; investigaciones sobre narcopolítica: inseguridad persistente y polarización política interna.
La pregunta clave no es si la popularidad presidencial caerá —porque todas las presidencias lo hacen—, sino qué tan rápido puede hacerlo y si su base social resistirá las crisis que vienen. Por ahora, la presidenta sigue encabezando los niveles de aprobación más altos del México contemporáneo. Pero los datos muestran que el descenso ya comenzó. Y en política, las caídas graduales suelen ser las más difíciles de revertir.
@JErnestoMadrid
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