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Banxico pisa el freno

por Redacción
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Ernesto Madrid

La inflación dio un respiro en abril, con una variación anual de 4.45%, por debajo del 4.59% previo. El dato sorprendió ligeramente a la baja y alimentó la narrativa de estabilidad. Sin embargo, el descenso tiene matices: el alivio provino principalmente de una caída en productos pecuarios y del subsidio estacional a la electricidad, mientras que frutas, verduras y servicios siguen presionando el bolsillo. El mensaje es claro: la inflación baja, pero no está domada.

En ese contexto, el Banco de México decidió cerrar el ciclo de recortes iniciado en 2024 y dejar la tasa de referencia en 6.50%, en una votación dividida (3-2). La señal es inequívoca: después de varios ajustes, el banco central considera que el margen para seguir bajando tasas prácticamente se agotó.

No todos están convencidos. Algunos analistas consideran que el recorte final fue prematuro, sobre todo cuando las expectativas inflacionarias para 2026 siguen por encima de la meta del 3%. En otras palabras, Banxico decidió detenerse justo cuando el terreno todavía es resbaloso.

En adelante, el Banco de México tendrá que vigilar con especial cautela varios frentes, ordenados por su peso potencial sobre la inflación. En primer lugar, las expectativas inflacionarias de mediano plazo que recaba en sus propias encuestas, un termómetro fundamental de la credibilidad de la política monetaria. En segundo, la evolución de los energéticos y su posible transmisión en cadena hacia otros precios de la economía. En tercero, el comportamiento del tipo de cambio frente a una Reserva Federal de Estados Unidos que podría mantener una postura restrictiva por más tiempo del previsto.

Banxico pisa el freno

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En cuarto, los posibles aranceles y ajustes en reglas de origen derivados de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Y finalmente, la volatilidad en los precios de productos perecederos —especialmente frutas y verduras— que ya presionaron la inflación de abril y podrían mantener efectos más persistentes por factores climáticos.

Mientras tanto, la economía muestra señales mixtas. El crédito bancario repuntó ligeramente en marzo, impulsado por el consumo —especialmente automotriz y préstamos personales—, aunque el financiamiento a empresas sigue débil y el hipotecario cayó por primera vez en meses.

Las remesas, por su parte, también dieron un respiro con un crecimiento anual de 4.6%, reflejo de la resiliencia del ingreso de los migrantes. Incluso la Ciudad de México registró un aumento relevante en el primer trimestre.

En el frente financiero, la banca presume músculo. Banorte fue reconocido nuevamente como el mejor banco en México por Global Finance, mientras BBVA México destaca su apuesta por la inclusión crediticia para MiPymes y personas sin historial financiero.

Pero detrás de los reconocimientos hay una realidad más compleja: la inflación acumulada desde 2019 supera 40%, y los hogares de menores ingresos siguen siendo los más golpeados.

Así que el balance es simple: la inflación baja, la tasa se estabiliza y el crédito intenta reanimarse. La economía mexicana avanza… pero todavía lo hace con el freno de mano puesto.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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