Ernesto Madrid
En la narrativa oficial, el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (Pacic) vuelve a presentarse como un escudo para proteger el bolsillo de los mexicanos. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció recientemente su renovación con empresarios para mantener el precio de la canasta básica en 910 pesos.
Sin embargo, detrás del anuncio hay una realidad menos cómoda: la economía se enfría y los alimentos siguen presionando el costo de vida.
Los primeros datos del año sugieren un arranque débil para la actividad económica. De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Indicador Oportuno de la Actividad Económica anticipa que el PIB del primer trimestre de 2026 habría caído alrededor de 0.4% trimestral, reflejando una desaceleración más marcada de lo previsto.
Es decir: mientras el gobierno intenta contener precios por decreto, el país prácticamente no crece.
El problema del Pacic no es solo su alcance político, sino su alcance económico. El programa fija un precio máximo para 24 productos básicos, pero en presentaciones específicas y únicamente en ciertos puntos de venta, principalmente supermercados.
Esto significa que la canasta “oficial” no coincide exactamente con los productos que mide el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), también calculado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. La diferencia no es menor.
Según estimaciones de Banamex Estudios Económicos, mientras el precio de la canasta Pacic reportada por el gobierno habría bajado desde 2022 —pasando de 1,039 pesos a 844 pesos en marzo de 2026—, los genéricos equivalentes de esos productos en la economía real han subido alrededor de 18.7% en el mismo periodo.
En otras palabras: la canasta controlada puede verse estable en el escaparate, pero el resto de los productos similares sigue encareciéndose.
El problema se vuelve más evidente cuando se observa el costo real de alimentarse en México. La canasta alimentaria urbana, indicador que mide el costo mínimo para cubrir necesidades nutricionales, aumentó 8.1% anual en marzo de 2026, casi el doble de la inflación general de 4.59%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
Esto se traduce en cifras concretas que dio a conocer México ¿cómo vamos?:
• La línea de pobreza extrema por ingresos se ubicó en 2,571 pesos mensuales por persona en zonas urbanas.
• La línea de pobreza por ingresos —que incluye gastos no alimentarios— alcanzó 4,940 pesos mensuales.

Pacic: el precio político de una canasta que no alcanza
Es decir, el problema del costo de vida sigue creciendo incluso cuando el gobierno presume estabilidad en una canasta controlada.
Desde el punto de vista económico, fijar precios máximos tiene consecuencias conocidas: distorsiones en la oferta, incentivos para compensar pérdidas en otros productos y posibles problemas de abastecimiento.
Los economistas lo explican con claridad: cuando el gobierno fija un precio por debajo del equilibrio del mercado, la demanda aumenta, pero la oferta tiende a reducirse. México ya ha visto ejemplos similares en otros sectores, como el precio tope de la gasolina, que ha generado incentivos para prácticas como el huachicol o la venta de combustibles alternativos a mayor precio.
Con el Pacic podría ocurrir algo parecido: empresas compensando con precios más altos en otros productos o reduciendo disponibilidad de los artículos controlados. La paradoja es evidente: el Pacic puede contener algunos precios en el corto plazo, pero no resuelve el problema estructural.
La economía mexicana crece poco, el costo de los alimentos sube más rápido que la inflación general y las familias de menores ingresos siguen destinando una mayor proporción de su salario a comer. Y en esa ecuación hay una verdad incómoda: ningún acuerdo de precios puede sustituir a una economía que crece con fuerza.
Mientras el crecimiento se desacelera y el consumo enfrenta presiones, el Pacic funciona más como un instrumento político que como una solución económica de fondo.
Porque al final, la inflación no se combate con discursos ni con canastas controladas: se combate con productividad, inversión y crecimiento. Y de eso, por ahora, México sigue esperando señales claras.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com