• Mientras el balón atrae miles de millones de dólares y la atención del planeta, la fiesta futbolera pone a México en el escaparate global: la caída industrial, la apuesta energética con Petrobras y la inversión récord de Mercado Libre exhiben que el verdadero partido se juega en la economía.
Ernesto Madrid
Mientras los ojos del mundo están puestos en México por la Copa Mundial de Futbol 2026, la economía nacional juega un partido mucho más complejo. El torneo llenará hoteles, restaurantes, aeropuertos y centros comerciales, pero llega en un momento de desaceleración industrial y crecimiento moderado, donde las principales apuestas para impulsar la actividad económica provienen de nuevas inversiones privadas y alianzas estratégicas.
Las estimaciones de Moody’s Analytics, Deloitte y The Competitive Intelligence Unit (The CIU) calculan que el Mundial aportará entre 0.1% y 0.2% al Producto Interno Bruto (PIB), lejos del medio punto porcentual que alguna vez planteó la Federación Mexicana de Futbol. Las actividades vinculadas al torneo generarán un Valor Agregado Bruto de 52 mil 640 millones de pesos, equivalente a 0.16% del PIB, y una derrama económica cercana a 2 mil 570 millones de dólares.
Sin embargo, la cifra que pone las expectativas en perspectiva es otra: México invirtió alrededor de 8 mil 400 millones de dólares en infraestructura para las sedes mundialistas. El resultado será una extraordinaria vitrina internacional y un impulso temporal para turismo, comercio y servicios, aunque insuficiente para modificar de manera significativa una economía cuyo crecimiento apenas ronda el 1%. Incluso, el aumento en la demanda asociado al torneo podría añadir hasta 0.31 puntos porcentuales a la inflación.
El contraste aparece en la actividad industrial. De acuerdo con Banamex Estudios Económicos, la Producción Industrial apenas avanzó 0.4% mensual en febrero, tras caer 1.1% en enero, mientras que a tasa anual registró una contracción de 1.3%, acumulando dos meses consecutivos en terreno negativo.
La desaceleración alcanza a gran parte del país. Diecinueve entidades reportaron caídas anuales, encabezadas por Quintana Roo, Morelos y Durango. En Quintana Roo, la conclusión de obras como el Tren Maya provocó un desplome de 31% en la construcción y una caída industrial de 23.7%, acumulando ya 20 meses consecutivos de retroceso.

Mundial y realidad

Frente a este escenario, el gobierno apuesta por la alianza entre Pemex y Petrobras para explorar aguas profundas y aprovechar la experiencia tecnológica de la petrolera brasileña en la búsqueda de nuevas reservas. Para Pemex, que arrastra una deuda superior a 85 mil millones de dólares y enfrenta una producción estancada, el acuerdo representa algo más que cooperación: es el reconocimiento de que la soberanía energética también requiere tecnología y conocimiento que hoy México no posee.
Desde el sector privado llegan señales más alentadoras. El argentino Mercado Libre anunció una inversión récord de 4 mil 600 millones de dólares para 2026 y la creación de 8 mil 500 empleos. La cifra equivale a casi el doble de la derrama económica estimada para todo el Mundial y confirma el peso creciente de la economía digital como fuente de inversión y empleo.
A ello se suma la visión de Jamie Dimon, presidente de JPMorgan Chase, quien considera que México tiene una oportunidad histórica durante las próximas dos décadas gracias al nearshoring, la infraestructura, los centros de datos y la inteligencia artificial. Pero también advierte que para aprovecharla será indispensable fortalecer el Estado de derecho, garantizar certidumbre jurídica y concluir con éxito la revisión del T-MEC.
La paradoja es evidente: mientras el Mundial coloca a México en el escaparate global, la industria sigue perdiendo fuerza. El verdadero desafío no está en la derrama de unas cuantas semanas de futbol, sino en transformar inversiones como las de Mercado Libre, el nearshoring y la alianza Pemex-Petrobras en motores permanentes de crecimiento, productividad y empleo.
@JErnestoMadrid
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