Casa OpiniónLa paz entre Washington y Teherán enfría la guerra… y le devuelve oxígeno al mundo

La paz entre Washington y Teherán enfría la guerra… y le devuelve oxígeno al mundo

por Redacción
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• El acuerdo entre Estados Unidos e Irán no sólo desactiva uno de los focos geopolíticos más peligrosos del planeta: libera el estrecho de Ormuz, estabiliza el mercado energético global, impulsa a las bolsas internacionales y evita una escalada militar que habría puesto a la economía mundial —incluida la mexicana— al borde de una nueva crisis inflacionaria.

Ernesto Madrid

Después de más de cuarenta días de tensión militar que mantuvieron al mundo observando con nerviosismo cada movimiento en Medio Oriente, el acuerdo de paz alcanzado entre Estados Unidos e Irán representa algo más profundo que un simple cese al fuego: es, en términos económicos y estratégicos, una tregua que evita un terremoto global de consecuencias impredecibles.

La razón central tiene nombre y ubicación precisa: Estrecho de Ormuz. Ese corredor marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho transporta cerca del 20% del petróleo que consume el planeta. Su eventual cierre —como mecanismo de presión iraní frente al bloqueo estadounidense— habría significado un golpe inmediato al corazón energético mundial.

El primer efecto del acuerdo fue instantáneo. Los mercados asiáticos reaccionaron con euforia: el índice Nikkei 225 avanzó 5%, la bolsa china de Shenzhen superó el 3% y el KOSPI escaló más de 5.2%. Europa abrió con ganancias cercanas al 2% y los precios del petróleo cayeron alrededor de 4% en la apertura del mercado asiático tras el anuncio. El mensaje fue inequívoco: los inversionistas compraron certidumbre.

Detrás de esta reacción hay una lógica elemental. Sin bloqueo naval en Ormuz, el petróleo vuelve a fluir sin interrupciones, disminuye el riesgo de escasez y los precios internacionales del crudo comienzan a relajarse. Eso significa menor presión inflacionaria global en un momento donde muchas economías apenas intentan recuperarse de años de volatilidad postpandemia, guerras regionales y tasas de interés elevadas.

Para México, el impacto también es directo. Aunque históricamente un aumento del petróleo beneficia parcialmente a Petróleos Mexicanos, un conflicto prolongado habría terminado encareciendo combustibles, transporte, cadenas logísticas y productos básicos, alimentando nuevamente una inflación que el país apenas ha logrado contener. La paz evita ese escenario.

La paz entre Washington y Teherán enfría la guerra… y le devuelve oxígeno al mundo

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Pero el acuerdo deja una lección geopolítica aún más profunda: Irán demostró que su arma más poderosa nunca fue nuclear.
Durante años, la narrativa occidental centró la discusión en el programa atómico iraní y en el temor a que Teherán desarrollara capacidades nucleares. Sin embargo, esta crisis evidenció que el verdadero instrumento de presión iraní sigue siendo geográfico: controlar la puerta de entrada energética más importante del planeta. Ese factor explica por qué Washington terminó apostando por una salida diplomática.

Para el presidente Donald Trump, permitir que el conflicto escalara habría significado asumir costos similares a los que enfrentó George W. Bush durante la invasión a Irak: intervención militar prolongada, tropas terrestres, desgaste financiero y un nuevo incendio político internacional.

El pacto que se formara en Ginebra incorpora además un punto crítico: el compromiso iraní de detener cualquier intento de desarrollar armamento nuclear bajo supervisión internacional, reactivando en parte la lógica que alguna vez sostuvo el Joint Comprehensive Plan of Action impulsado durante la administración Obama y posteriormente abandonado por Washington.

Sin embargo, más allá del discurso diplomático, la lectura real es otra. Teherán entendió que prolongar la confrontación equivalía a una destrucción gradual de su infraestructura militar y posiblemente de su propio régimen político. Washington entendió que abrir por la fuerza Ormuz tendría un costo económico global imposible de justificar.

Al final, nadie ganó completamente. Pero el mundo evitó perder demasiado. Porque cuando el petróleo deja de circular, no sólo se paralizan barcos o mercados financieros. Se paraliza el sistema económico internacional.

Y esta vez, por lo menos, la diplomacia logró algo que en tiempos recientes parecía imposible: detener una guerra antes de que el precio terminara pagándolo todo el planeta. Porque en geopolítica, a veces la paz no nace de la buena voluntad… sino del miedo compartido a destruirlo todo.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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