• Dos operadores de fraudes bancarios revelan cómo redes criminales utilizan chequeras vendidas desde bancos, identidades robadas y depósitos en practicajas para despojar a familias de autos y patrimonio, mientras las cárceles funcionan como centros de mando y las instituciones financieras evaden responsabilidades.
Ernesto Madrid
Morelos, México. – En el submundo del crimen, el éxito no siempre se mide en ráfagas de plomo; se mide en la limpieza del despojo. “Es el fraude más limpio”, suelta Mariano con una frialdad que estremece. Él y Esteban comparten un pasado común: atrapados por las adicciones, terminaron convertidos en los “brazos ejecutores” en las calles de una maquinaria perfecta. Hoy, recluidos en un centro de rehabilitación en el estado de Morelos, acceden a abrir las entrañas de un negocio redondo que succiona el patrimonio de miles de familias mexicanas ante la mirada convenientemente esquiva del sistema financiero.
La trama es una hidra de tres cabezas perfectamente sincronizada: ejecutivos bancarios que venden los insumos, cerebros criminales que operan con total libertad desde los penales de Santa Martha Acatitla o el Reclusorio Norte, y los grandes cárteles de la droga, que reciben los bienes robados para utilizarlos en sus actividades operativas.
La primera conexión
Contrario a la narrativa oficial de los bancos, que culpan a los usuarios de “falta de cuidado”, las chequeras utilizadas para consumar los fraudes no siempre se roban en la calle o se falsifican de la nada. Se compran directamente adentro.
“La chequera se adquiere a través de una persona que está integrada en algún banco. Las compran regularmente con gerentes o ejecutivos. El que está en la cárcel es el que tiene el contacto con ellos y hace el movimiento de comprar”, confiesa Esteban de manera directa.
Las marcas operan en la impunidad total. Instituciones de primer nivel como BBVA, HSBC y Banamex forman parte de su “catálogo”. El modus operandi de los banqueros infieles consiste en reactivar o tramitar chequeras de cuentas de personas ya finadas o de cuentas empresariales abandonadas y sin fondos.
Pero el alcance de la colusión bancaria ha perforado incluso las estructuras gubernamentales. La red criminal ha expandido su catálogo de insumos hacia el desvío y venta de chequeras pertenecientes a las tesorerías de diversos municipios de todo el país. Un caso crítico ocurre en el estado de Oaxaca, donde múltiples gobiernos locales se encuentran completamente atrapados por las redes del crimen organizado. Los ejecutivos de los bancos facilitan y activan estas chequeras municipales oficiales, las cuales son entregadas a los reclusos para realizar fraudes de alto impacto bajo el amparo de identidades institucionales supuestamente legítimas.
La vigencia de este “insumo” es efímera —apenas dura uno o dos días antes de que brinque la alerta—, por lo que el flujo de venta interna en las sucursales es constante. Los empleados bancarios saben perfectamente para qué se van a utilizar.

El fraude “más limpio” sin rastro digital: chequeras de impunidad bancaria y narco
La mente en la celda, el actor en la calle
Una célula operativa típica se compone de 3 a 5 personas, pero la “mente maestra” —conocida en el argot como La Voz— nunca toca la calle. Está recluida en un penal. Armado con teléfonos celulares, guiones ensayados y una base de datos de identidades robadas (muchas de ellas de militares o servidores públicos fallecidos cuyas fotos de credenciales del INE aparecen misteriosamente en sus manos), La Voz caza a sus víctimas en la plataforma Marketplace de Facebook.
El anzuelo ideal: automóviles, motocicletas o lotes de mercancía de alto valor. Cuando la víctima muerde el anzuelo, el recluso despliega una obra de teatro psicológica.
Para el día de la cita, envían al ejecutor en calle. Esteban explica que la preparación es total: “Todo va de la mano con la psicología, la presencia y cómo hablar. Yo ya iba estudiado por el que está recluido. Él me decía qué decir y cómo seguirlos envolviendo”. En una ocasión, para robar una camioneta Ford F-150 Harley Davidson valuada en 220 mil pesos, fingieron ser empresarios textiles que necesitaban el vehículo para transportar telas para su madre.
La respuesta oficial: la simulación del combate
Mientras se hace el trato físico en un estacionamiento o centro comercial, La Voz, desde la celda, ordena a otro cómplice realizar el depósito del cheque sin fondos a través de las “practicajas” y cajeros automáticos del banco. El truco radica en que el sistema refleja el saldo en la pantalla de la víctima como “salvo buen cobro” momentáneamente, pero tarda hasta 24 horas en rebotarlo por falta de fondos. Para cuando el vendedor se da cuenta de que fue engañado, el auto ya va rumbo a la sierra.
Las ganancias son exorbitantes. Por un vehículo con valor de 300 mil pesos, la red obtiene una ganancia líquida e inmediata de 110 mil pesos, dividida a la mitad entre el operador de calle y quien coordina desde prisión. ¿Quién compra un vehículo robado mediante fraude con una velocidad tan pasmosa? El crimen organizado.
Esteban admite sin titubeos que los vehículos “se enfrían” un par de días en la Ciudad de México o Toluca mientras revisan la plataforma Repuve para verificar si ya cuentan con reporte de robo. Una vez librado el filtro, el destino final son las zonas de control del narcotráfico.
“Yo recurrí mucho al estado de Michoacán, en Zitácuaro; a Hidalgo, a Durango… ahí los entregas en la sierra al crimen organizado. Gente de la maña que los compra y no tiene problema en pagarlos; los usan para sus cosas, como el tráfico”, relata el testigo. Si el vehículo es difícil de colocar, los mismos cárteles lo envían a un deshuesadero para venderlo por piezas. Entre las organizaciones con las que operaban, destacan grupos de alta peligrosidad como La Unión Tepito y Los Duques.
Mientras miles de ciudadanos de la economía informal —quienes no cuentan con mecanismos de protección jurídica ni financiera— pierden su única herramienta de trabajo en estos fraudes, las autoridades y la cúpula banquera intentan tapar el sol con un dedo.
Recientemente, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), a cargo de Omar Reyes, junto con la Asociación de Bancos de México (ABM), presidida por Emilio Romano, emitieron una guía con indicadores de riesgo para frenar la monetización de la extorsión y el fraude desde los penales. El documento técnico pone la lupa sobre los depósitos fragmentados, las transferencias recurrentes a terceros y el uso de prestanombres.
Sin embargo, el esfuerzo de la UIF y la ABM choca de frente con la realidad descrita por Esteban y Mariano: la guía vigila las transferencias digitales, pero ignora el efectivo que fluye hacia los penales y, sobre todo, la colusión interna que permite sangrar cuentas particulares y gubernamentales.
Mientras un gerente de sucursal siga teniendo el poder de vender la chequera de un difunto o comprometer la cuenta de un municipio oaxaqueño a cambio de un soborno, el fraude “más limpio del mundo” seguirá operando con la puntualidad de un reloj suizo, financiando a los cárteles y dejando a los ciudadanos en el desamparo absoluto.
El fraude “más limpio”, como lo llaman quienes participaron en él, no solo revela un delito sofisticado. Expone también las grietas de un sistema donde el crimen organizado ya no necesita esconderse fuera de las instituciones… porque aprendió a operar dentro de ellas.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com