• Aunque la pobreza laboral cayó a su nivel más bajo desde 2005, más de 40 millones de mexicanos todavía no pueden comprar la canasta básica con su salario. La informalidad, los bajos ingresos y el encarecimiento de alimentos mantienen intacto el problema estructural.
Ernesto Madrid
La fotografía económica de México tiene una contradicción incómoda: mientras el gobierno presume estabilidad laboral y reducción de pobreza, la realidad muestra que millones de personas siguen trabajando sin ganar lo suficiente para comer.
Los datos del primer trimestre de 2026 revelan un hecho histórico y, al mismo tiempo, profundamente preocupante. La pobreza laboral cayó a 30.7% de la población, el nivel más bajo desde que el INEGI comenzó el registro en 2005. Sin embargo, detrás del discurso optimista permanece una cifra demoledora: alrededor de 40.3 millones de mexicanos no pueden adquirir la canasta alimentaria para todos los integrantes de su hogar únicamente con su ingreso laboral.
El indicador de pobreza laboral mide precisamente eso: cuántas personas trabajan, pero aun así no logran cubrir lo mínimo para alimentarse. Es decir, el problema ya no es solamente tener empleo, sino que el salario alcance. Y ahí aparece el verdadero rostro de la economía mexicana.
Porque, aunque las cifras muestran una ligera mejora estadística, el país sigue atrapado en una estructura de bajos ingresos, alta informalidad y productividad limitada. De acuerdo con México ¿Cómo Vamos?, 54.8% de los trabajadores laboran en la informalidad, lo que significa ausencia de seguridad social, acceso limitado a crédito, menores ingresos y vulnerabilidad constante frente a cualquier crisis económica.
En otras palabras: más de la mitad de la fuerza laboral mexicana trabaja prácticamente fuera del sistema. La paradoja es brutal. México puede presumir mínimos históricos en pobreza laboral, pero al mismo tiempo mantiene niveles de informalidad propios de economías subdesarrolladas. La aparente mejora se explica, en parte, por los incrementos salariales de los últimos años y por una desaceleración moderada de la inflación general; sin embargo, la inflación alimentaria continúa golpeando directamente el bolsillo de las familias.

México reduce pobreza laboral… mientras la canasta básica aprietapobreza
La comida sigue siendo el termómetro más cruel de la economía. Mientras los indicadores macroeconómicos hablan de estabilidad, millones de familias siguen ajustando el gasto para comprar huevo, tortilla, carne o transporte. De hecho, el propio análisis revela que 60% de la población no tiene ingresos suficientes para cubrir la suma de la canasta alimentaria y no alimentaria. Es decir, tres de cada cinco mexicanos no pueden solventar plenamente necesidades básicas como alimentación, vestido o movilidad.
Las diferencias regionales también muestran un país partido en dos. Baja California Sur y Baja California registran los menores niveles de pobreza laboral, con tasas de 14.1% y 16.3%, respectivamente. Del otro lado están Chiapas, Oaxaca y Guerrero, donde más de 45% de la población permanece atrapada en pobreza laboral.
La desigualdad territorial sigue intacta. Y si algo exhiben estas cifras es que el crecimiento económico continúa siendo insuficiente para transformar la calidad de vida de millones de personas. México genera empleo, sí, pero gran parte de esos empleos siguen siendo precarios, mal pagados o informales.
Además, la pobreza laboral afecta más a las mujeres. Por cada 100 hombres en esta condición, existen 114 mujeres atrapadas en la misma situación. La brecha salarial, el trabajo no remunerado y la precariedad laboral continúan golpeando con mayor fuerza a las trabajadoras mexicanas.
El problema de fondo no es únicamente salarial. También es estructural. México mantiene una economía donde buena parte de los empleos dependen de actividades de bajo valor agregado, comercio informal y servicios con poca productividad. El resultado es una economía donde millones trabajan todos los días, pero siguen sin escapar de la fragilidad financiera.
Por eso las cifras deben leerse con cautela. Sí, la pobreza laboral disminuyó. Sí, el indicador marca un mínimo histórico. Pero también es cierto que el país aún tiene a decenas de millones de personas sobreviviendo con ingresos insuficientes y sin acceso a estabilidad laboral formal.
La verdadera pregunta no es si México redujo la pobreza laboral unas décimas. La pregunta de fondo es cuánto tiempo puede sostenerse una economía donde trabajar dejó de ser garantía para salir de la pobreza.
@JErnestoMadrid
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