Casa CDMXEl Círculo: ficción rebasada

El Círculo: ficción rebasada

por RedaccionM
0 comentarios
A+Un-
Reset

Ciudad de México, 10 de octubre de 2026. Netflix estrenó el 7 de octubre El Círculo, un thriller político mexicano de ocho episodios que ya circula en 190 países. La serie adapta Los corruptores, la novela que el periodista Jorge Zepeda Patterson publicó en 2013.

El arranque no pide permiso: un periodista difunde un video que vincula al ministro de Defensa con el asesinato de una actriz famosa. Desde ese minuto, el aparato que debía investigar el crimen prefiere cazar al mensajero.

Cualquier espectador latinoamericano reconoce el libreto. Lo incómodo es que no lo aprendió en una plataforma de streaming: lo aprendió en el noticiero.

Qué cuenta El Círculo

Cuatro amigos de la infancia sostienen el relato. Tomás (Michel Brown) ejerce un periodismo venido a menos; Amelia (Zuria Vega) asciende en la política; Mario (Raúl Briones) da clases en un bachillerato, y Jaime (Osvaldo Benavides) dirige una empresa privada de inteligencia y seguridad.

El video sobre el asesinato de la actriz Pamela Dosantos rompe el pacto de silencio que los unía desde hace décadas. A partir de ahí, cada capítulo cobra una factura: chantajes, lealtades en venta y una pregunta incómoda sobre quién vigila a quién.

Un elenco que sostiene el pulso

Alejandro Lozano y Bernardo de la Rosa dirigen; Lemon Studios, la casa de los hermanos Billy y Fernando Rovzar, produce. Los capítulos duran entre 45 y 50 minutos y piden maratón.

La crítica mexicana coincide en el mayor acierto: la química del cuarteto. Destaca la Amelia de Zuria Vega, una mujer que disputa territorio en un ecosistema político diseñado por y para hombres.

Saúl Lisazo, María Elisa Camargo, Natalia Coronado y Mariané Cartas completan un reparto solvente. Como entretenimiento, la serie cumple.

La denuncia, en voz baja

Aquí empieza el problema. La novela retrataba sin anestesia la corrupción del México de 2013, bajo el gobierno del PRI. La adaptación prefiere el suspenso y el drama íntimo, y deja la podredumbre institucional como telón de fondo.

La ficha técnica ofrece una pista. Zepeda Patterson figura como consultor, no como guionista. El periodista que escribió la acusación cede la pluma a un equipo que entrega un producto apto para 190 mercados.

El mercadeo completa el cuadro. Un día antes del estreno, Vega y Brown simularon vandalizar anuncios en la Ciudad de México. La plataforma convirtió la indignación ciudadana en campaña publicitaria.

Cuando la realidad rebasa la ficción

El propio elenco reconoce el espejo. Michel Brown admitió ante Publimetro que la región acostumbra silenciar a sus periodistas y que sus políticos acostumbran engañar. Osvaldo Benavides añadió que nadie puede hacerse de la vista gorda.

La realidad no esperó al tercer capítulo. Este sábado, a tres días del estreno, la prensa del país reporta el asesinato del periodista Hamurabi Huesca Manzano durante un ataque armado en Oaxaca. Ningún guionista firmó esa escena.

El expediente continental abunda. En 2016, la constructora Odebrecht admitió ante la justicia de Estados Unidos el pago de unos 788 millones de dólares en sobornos a funcionarios y partidos de varios países. La empresa operaba un departamento interno dedicado a repartirlos.

Frente a eso, el ministro villano de El Círculo parece un aficionado. En la serie, el abuso de poder tiene rostro y el misterio tiene solución. Fuera de ella, las fiscalías archivan, los expedientes prescriben y el señalado suele competir en la siguiente elección.

El crimen ya no toca la puerta

La serie coloca a Jaime, dueño de una firma de espionaje privado, en el mismo círculo que la política y el periodista. Ese dato vale más que cualquier persecución: el poder real ya no distingue entre oficina pública, empresa de seguridad y negocio turbio.

En buena parte de América Latina, el crimen organizado dejó de sobornar al Estado desde afuera. Hoy financia campañas, coloca candidatos y cobra los favores desde adentro. La ficción todavía lo trata como giro de trama; la región lo padece como rutina.

El ciudadano, siempre abajo

Mario, el profesor, encarna al ciudadano de a pie. No tiene fuero, ni escoltas, ni un contacto que le conteste el teléfono. Cuando el poder se molesta, él paga primero.

Ahí la serie acierta sin proponérselo. La prepotencia no necesita balas: le basta una llamada, una auditoría o un expediente fabricado. Millones de latinoamericanos conocen ese trato sin haber filtrado jamás un video.

Veredicto

El Círculo entretiene, sus actores convencen y su factura luce impecable. Pero domestica la rabia de la novela y entrega una corrupción de diseño, cómoda de consumir.

La recomendación es doble: vea la serie y, al terminar, abra el periódico. Solo uno de los dos tiene final. (Redacción MegaUrbeNoticias)

También te puede gustar

DEJA UN COMENTARIO

* Al utilizar este formulario usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por parte de este sitio web.