• El crecimiento de 1.2% en abril, el mejor en cinco años, da oxígeno a la economía mexicana. Sin embargo, el impulso viene de sectores específicos como manufactura, construcción y exportaciones hacia Estados Unidos, mientras el consumo interno, la inversión y el empleo siguen mostrando señales de debilidad estructural.
Ernesto Madrid
Después de meses de desaceleración, la economía mexicana finalmente mostró una señal de alivio. El país registró en abril su mejor desempeño mensual desde marzo de 2021, con un crecimiento de 1.2% en el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), una cifra que en apariencia confirma que la actividad productiva volvió a tomar impulso.
Pero detrás del dato positivo hay una realidad más compleja: México crece, sí, aunque todavía sostenido por motores muy específicos y con riesgos internos y externos que impiden hablar de una recuperación sólida. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el crecimiento anual de la actividad económica en abril fue de 2.2%, superior al 0.7% registrado en marzo, impulsado principalmente por la industria y los servicios.
El principal empuje vino del sector industrial, que avanzó 2.1% mensual, particularmente por el repunte de la construcción, que creció 7.6%, y por las manufacturas, que aumentaron 1.2%. En otras palabras: buena parte del crecimiento actual está viniendo del concreto, las fábricas y la exportación. Los servicios, que representan casi dos terceras partes de la economía mexicana, crecieron 0.7% mensual, con aumentos relevantes en servicios empresariales, comercio mayorista y actividades profesionales.
Sin embargo, no todos los sectores acompañaron el entusiasmo. La actividad gubernamental cayó 7.6%, el sector primario retrocedió 0.4%, mientras minería y electricidad también reportaron contracciones.
El área de estudios económicos de Banamex mantiene una previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto de apenas 1.3% para todo 2026 y 1.8% para 2027. Eso significa que México acumularía cuatro años consecutivos creciendo por debajo de su promedio histórico, que entre 2000 y 2018 fue de 1.9%.
La explicación de Banamex es clara: el crecimiento actual depende de una moderada recuperación de la inversión pública y privada, una posible mejora del empleo formal y, sobre todo, de que Estados Unidos mantenga su ritmo económico.
Es decir: buena parte del futuro económico mexicano sigue dependiendo del vecino del norte.

Economía mexicana rebota, pero crece con freno puesto
Pero mientras las cifras oficiales celebran el rebote, otros indicadores muestran un panorama menos optimista. De acuerdo con BBVA Research, su Indicador de Consumo Big Data reportó en mayo un crecimiento de apenas 0.4% mensual, siendo su primera cifra positiva desde octubre pasado. Aun así, el consumo familiar acumula una caída promedio anual de 3.1% en lo que va de 2026, muy por debajo del comportamiento observado en 2025.
Traducido al lenguaje cotidiano: las familias mexicanas siguen gastando menos. BBVA anticipa incluso que el efecto positivo del gasto por la FIFA World Cup 2026 podría dar un impulso temporal al consumo, pero advierte que la debilidad estructural del mercado interno seguirá presente durante la segunda mitad del año.
Otro dato clave proviene del sector manufacturero. BBVA reporta que su indicador manufacturero creció 2.3% anual en mayo, impulsado principalmente por una recuperación del sector automotriz y por la creciente demanda estadounidense vinculada al desarrollo de infraestructura tecnológica e inteligencia artificial. La economía mexicana, nuevamente, encuentra en Estados Unidos buena parte de su sostén.
De hecho, la expansión en sectores como computadoras, electrónicos, autopartes y maquinaria está directamente ligada al crecimiento industrial estadounidense. Según datos del Oficina de Análisis Económico (BEA), la producción de bienes duraderos en Estados Unidos aumentó 0.8% mensual en mayo, beneficiando directamente a proveedores mexicanos.
A pesar del rebote, los analistas coinciden en que el panorama sigue siendo frágil.
Banamex identifica varios focos rojos: una eventual desaceleración en Estados Unidos, la incertidumbre por la revisión del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), el deterioro de la actividad petrolera y las dudas que todavía frenan decisiones de inversión empresarial. Mientras tanto, los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) muestran que la masa salarial real crece a un ritmo de apenas 4% anual, menor al observado en 2024 y 2025.
El empleo avanza, pero pierde velocidad. La fotografía económica empieza a mostrar movimiento, pero no una transformación de fondo. México está creciendo impulsado principalmente por la construcción, las exportaciones manufactureras, el sector automotriz y el arrastre de la economía estadounidense. No por una expansión vigorosa del consumo interno, ni por una fuerte recuperación de la inversión nacional. El dato de abril da un respiro.
Pero no cambia la tendencia de fondo: la economía mexicana sigue avanzando a baja velocidad, demasiado dependiente del exterior y con un mercado interno todavía debilitado.
En otras palabras, el país dejó de frenar…aunque todavía no pisa realmente el acelerador.
@JErnestoMadrid
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