Por Erika Solorio
Nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes son presas del reclutamiento forzado, la sociedad en general se encuentra inmersa en las garras de la delincuencia; el 2030 se avecina y aún falta mucho por hacer para el cumplimiento de la agenda de desarrollo sostenible. No tomar acción nos hace sólo espectadores de los males que acechan a la humanidad.
El reclutamiento forzado, exterminio, la tortura, trata de personas, entre otros, son crímenes de lesa humanidad según el Derecho Internacional Humanitario.
La trata de personas, la esclavitud del siglo XXI. Mientras los dimes y diretes imperan a nivel mundial, la niñez y la juventud es cada día más vulnerable de los malosos, coadyuvar en la prevención del delito es una responsabilidad que tenemos como personas.
Desafortunadamente la violencia en cualquiera de sus formas ha sido normalizada, en muchos casos, hasta por algunas “autoridades”. Siempre he pensado que solo la gente con preparación y vocación de servicio debe trabajar en los gobiernos o en la administración pública en beneficio de todas y todos, para llegar al bien común.
El reclutamiento forzado es una violación grave de los derechos humanos que ocurre cuando personas son obligadas o coaccionadas a unirse a grupos armados, sin su consentimiento. Este fenómeno tiene importantes implicaciones tanto a nivel nacional como internacional, y es particularmente prevalente en contextos de conflicto armado, donde se vulneran los derechos de las personas, especialmente de niños y jóvenes.

La infancia y la adolescencia sin protección – Por el bien común – Opinión
“UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, expresó hoy su rechazo al reclutamiento y la utilización de niñas, niños y adolescentes en grupos armados, alertando sobre los efectos nocivos de esta práctica en su desarrollo humano y en el cumplimiento de sus derechos”, (UNICEF, 2020).
La UNICEF ya en diversas ocasiones ha abordado el tema tan escabroso sobre el reclutamiento forzado en México, ha dado su postura y algunas recomendaciones, destacando que es responsabilidad del Estado Mexicano velar por la integridad de nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Hacer oídos sordos, no abona, solo obstaculiza los avances que pudieran darse en la prevención del delito.
El hartazgo de la gente se presenta diariamente, así como la burla de muchas personas en el supuesto “poder”, sí ese poder que tendría que ser utilizado para actuar de forma congruente y correcta, porque el discurso no basta. No basta con hablar de derechos humanos hay que trabajar para no vulnerarlos.
Por Viviana Erika Solorio, activista de derechos humanos, asesora política, comunicóloga social. Mtra. Administración y Políticas Públicas con Enfoque en Gestión Política.
Fuente: https://www.contrareplica.mx/nota-LA-INFANCIA-Y-LA-ADOLESCENCIA-SIN-PROTECCION-202531359