Gianni Infantino ha consolidado en la FIFA una red de poder absoluto mediante prebendas fiscales y sumisión soberana, convirtiendo el Mundial de 2026 en el ejemplo máximo de ganancias privadas a costa de presupuestos públicos.
El banquete de los intocables: las redes de Infantino
El fútbol moderno dejó de ser un deporte para convertirse en un sofisticado sistema de extracción de riqueza global. Bajo el mandato de Gianni Infantino, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) no solo ha limpiado las viejas estructuras rústicas de corrupción expuestas en el FIFA Gate de 2015, sino que las ha institucionalizado mediante un entramado legal que dobla las manos de los Estados nacionales.
Infantino, quien asumió el cargo con promesas de transparencia, ha edificado un imperio financiero que proyecta ingresos récord de 9 mil millones de dólares para la Copa del Mundo, mientras delega los costos operativos, de seguridad y de infraestructura en los contribuyentes locales.
A nivel internacional, el cinismo de la FIFA opera con dos caras. Por un lado, regala legitimidad y “premios de la paz” creados a la medida de mandatarios como Donald Trump para asegurar su beneplácito político y logístico. Por el otro, exprime a las federaciones más pequeñas y a países en vías de desarrollo con la quimera de la inclusión de 48 selecciones.
Medios internacionales como la revista Fortune han denunciado cómo el crecimiento acelerado de la organización ha silenciado el debate interno, transformando a la FIFA en una maquinaria de lavado reputacional para regímenes cuestionables y élites políticas.
El poder del dinero rueda con el balón
Exención a los ricos, deudas a los pobres
Mientras los presupuestos de salud y educación pública sufren recortes en los países anfitriones, la FIFA avanza con bandera de inmunidad diplomática y fiscal. Investigaciones publicadas por el diario The New York Times revelan que tan solo tres estados de la Unión Americana renunciaron a más de 57.8 millones de dólares en impuestos estatales comerciales para cumplir con las exigencias del organismo.
A nivel federal, tras meses de un agresivo cabildeo ante el Tesoro estadounidense y la fuerza de tarea de la administración Trump, la FIFA forzó un esquema donde las ganancias multimillonarias quedan blindadas. Para los países de África o América Latina que caen en el anzuelo expansionista de Infantino, el panorama es desolador: se ven obligados a absorber costosos traslados y a lidiar con dobles tributaciones, provocando que su participación en el “sueño mundialista” termine siendo un pagaré en blanco que vacía las arcas de sus federaciones locales.
El poder del dinero rueda con el balón
El entreguismo mexicano: un cheque en blanco
El caso de México en la organización de esta justa es el testimonio más nítido de la pérdida de soberanía frente al poder del dinero. El país pasará a la historia no solo por sus estadios históricos, sino por haber concedido un “cheque en blanco” a Infantino. De acuerdo con reportes de El País, México es el único de los tres países organizadores que otorgó una exención fiscal total a la FIFA a nivel nacional.
Esta capitulación tributaria, incluida en los artículos transitorios de la Ley de Ingresos de la Federación, exenta por completo a la FIFA y a sus empresas designadas del pago de impuestos como el ISR, IVA e IEPS en las sedes de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. El Servicio de Administración Tributaria (SAT) confirmó que la exención abarca las gigantescas ganancias por derechos de transmisión, patrocinios corporativos transnacionales y la venta de boletos cuyos precios oscilan en sumas exorbitantes.
Aunque el gobierno actual de la presidenta Claudia Sheinbaum intentó acotar la vigencia de estas “garantías gubernamentales” exclusivamente al ejercicio de este año para mitigar los excesos heredados desde el sexenio de Enrique Peña Nieto, la realidad estructural no cambió: el Estado mexicano asume el gasto público de vialidades, logística y el despliegue de miles de elementos de seguridad, mientras que Infantino se lleva las utilidades netas, limpias de polvo y paja.
El poder del dinero rueda con el balón
El costo de la sumisión: el erario exangüe
La magnitud del desfalco financiero y el costo asumido por México trasciende la mera retórica y se plasma en números crudos. De acuerdo con datos consolidados del [Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, las proyecciones de derrama económica neta se han desplomado drásticamente a solo el 0.15 por ciento del PIB, un retroceso grave frente a las expectativas iniciales.
Para que el negocio privado de Suiza funcione, el sector público mexicano ha tenido que inyectar fondos extraordinarios y absorber pérdidas que se desglosan a continuación:
* Pérdida Fiscal Directa (SAT): Alrededor de 350 millones de dólares no ingresarán a las arcas federales debido al decreto de exención absoluta del pago de impuestos sobre los derechos de transmisión televisiva, boletaje corporativo de lujo y patrocinios oficiales de marcas aliadas.
* Inyección Federal en Infraestructura: Más de 37 mil 300 millones de pesos movilizados desde el presupuesto nacional para obras críticas de conectividad, modernización aeroportuaria y despliegues masivos de seguridad.
* Subsidios en Transportes y Movilidad: Una inversión directa de 2 mil millones de pesos destinados por la Presidencia de la República de manera equitativa a los gobiernos de Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León para acelerar obras en las líneas del Metro y sistemas de electromovilidad urbana.
El poder del dinero rueda con el balón
El gasto por sede y la remodelación de estadios
El mito de que los estadios se remodelan exclusivamente con dinero privado se desmorona en los detalles operativos de los gobiernos locales, que han tenido que desviar fondos para acondicionar el entorno de los inmuebles y cumplir con el estricto cuaderno de cargos de la FIFA:
- Ciudad de México (Estadio Azteca): Concentra el grueso de la inversión con un portafolio de intervenciones urbanas e hidráulicas que supera los 23 mil 122 millones de pesos. Si bien la estructura interna del estadio recibió capital privado por 200 millones de dólares a través de Ollamani y Banorte, el gobierno capitalino subsidió por completo la seguridad vial, la mejora del transporte perimetral y las transferencias directas para los Fan Fest masivos.
- Jalisco (Estadio Guadalajara): El gobierno del estado ha desembolsado al menos 377 millones de pesos directos del erario para conceptos ajenos al beneficio ciudadano, incluyendo la compra de paquetes de uniformes oficiales de marcas socias de FIFA y el montaje completo del Fan Fest local.
- Nuevo León (Estadio Monterrey): La administración estatal activó más de 34 proyectos de infraestructura urbana urgentes con costo al presupuesto local, incluyendo la adquisición de 4 mil nuevos autobuses, un cuartel de la Fuerza Civil exclusivo para la zona del estadio y un parque lineal que conecta el transporte metropolitano con el recinto.
En total, analistas financieros y comisionados deportivos coinciden en una preocupante asimetría: mientras que la inversión global de infraestructura pública y acondicionamiento en las tres urbes mexicanas ronda los 12 mil millones de dólares, la derrama económica real esperada para el país apenas alcanzará una tercera parte de esa cifra.
El poder del dinero rueda con el balón
La geopolítica del sometimiento: complacer al norte
La sumisión de los gobiernos locales mexicanos no responde únicamente a la ceguera futbolística, sino a una cruda estrategia geopolítica. México aceptó todas las condiciones impuestas por la FIFA en una evidente posición de desventaja en infraestructura frente a Estados Unidos. El control absoluto del torneo fue cedido al organismo de Infantino con el fin político de mantener la alianza norteamericana y congraciarse con el gobierno de Donald Trump, utilizando el balón como moneda de cambio diplomática.
Mientras Infantino se fotografía sonriente agradeciendo la hospitalidad de las autoridades mexicanas, los sobrecostos y las empresas extranjeras B2B desplazan la derrama económica local esperada, estimando analistas financieros que cientos de millones de dólares saldrán directamente del país. El balón rueda, los estadios celebran, pero las redes de prebendas y el dinero de los ciudadanos se quedan en las cuentas de Suiza.