Redacción MegaUrbe
Atrás quedaron las sonrisas cargadas de poder… y soberbia. La pleitesía que se le rendía ya no se observa. Muchos y muchas de sus “compañeros” de partido y de bancada lo ven ahora de reojo, a la distancia.
Su rostro refleja no solo un cansancio que parece de años, aunque solo han transcurrido algunas semanas. Su encanecida barba y bigote ralos encanecida acentúa su rictus de angustia y desesperanza.
En la toma que le han hecho los fotógrafos de prensa, no los oficiales ni los oficialistas, el día en que anunció su salida de la coordinación de la fracción parlamentaria de Morena, el senador aparece como una persona extraviada en el tiempo. La bufanda gris con franjas negras, blancas y azules enredada en su cuello, lo hace ver senil.
Su rostro lo expresa todo. Mirada perdida, cabello cano mal acicalado, prominentes pómulos, músculos faciales endurecidos, ojos hundidos.

El miedo tiene fuero
Pero de todo su rostro lo que más resalta esa esa mirada triste, que, paradójicamente, parece encerrar odio y melancolía, sed de venganza y sumisión. Sus párpados caídos y su mirada dirigida hacia nada lo retratan como el rostro perfecto del miedo.
Su mirada hacia sus interlocutores ya no es de soslayo. Ya no son de arriba hacia abajo, ahora son miradas de un hombre zombi, de un zombi político.
Se limita a responder con monosílabos, con frases muy cortas, tan cortas como el poder político que le han dejado, y no por sí, sino por interpósita persona. Está ahí, en la sede senatorial pero su mente no está ahí. Aparece, se ve, se percibe perdido.
Es domingo y la noticia se ha esparcido con una rapidez propia de los tiempos actuales, de redes sociales y comunicaciones directas. La información no requiere confirmación. Ya, ha sido defenestrado.

El miedo tiene fuero
La noticia para él, hasta donde se sabe, no es nueva, soló está ahí para cumplir designios de otra persona, solo atiende instrucciones. Deja de ser el líder de los senadores de Morena, ahora queda como uno más.
El escasos o nulo poder que ahora detenta solo le alcanza para mantenerse como legislador y ser involucrado en la organización de la elección del 2027. En breve se sabrá otra noticia, que también le han negado estar en la operación política del estado de Chihuahua, en donde habrá cambio de gobernador el próximo año, y donde intentó influir para dejar o colocar a una compañera de partido y de curul. El sueño se esfuma.
Una a una las noticias en torno a su persona se acumulan. En cuestión de días y de horas, han caído, como pesadas lozas sobre su endeble cuerpo, las decisiones más relevantes de su vida.
Las investigaciones judiciales a nivel estatal, la decisión de activar a la PGR en torno a su persona y a su grupo, el fin de la interlocución directa con la presidenta, las investigaciones en EU y las pruebas que, se dice, tienen allende las fronteras, las dudas entre sus compañeros de partido y curul, el enriquecimiento sorprendente que no haya explicación lógica, la decisión de sacarlo como líder del senado, la llegada de su segundo de abordo, el poblano Mier a la posición que creía era suya por seis años, el fin de sus aspiraciones en Chihuahua, el envío al trabajo territorial-electoral para, como se dice en la calle, “taparle el ojo al macho”.

El miedo tiene fuero
Aún no es el medio día del domingo y Adán Augusto López ya no es el mismo de hace unas horas. Su rostro lo delata su ceño fruncido esconde muchas cosas, pero revela a un hombre sometido, humillado.
Una larga mañana, sin duda. Para él, una mañana de tragar saliva y esconder rencor. Pero el día aún no acaba. Queda claro que interpósita persona no puede dejarlo suelto, por eso lo retienen ahí, como uno más, subordinado. Es lo peor para él y lo mejor para él. Porque en el tablero de la política queda exhibida la advertencia permanente: un movimiento en falso y activan todo lo que ha quedado agarrado con alfileres, es decir, denuncias, investigaciones, desafueros, cárcel y, en una de esas, su envío a tierras del Tio Sam.