• México sube un punto en el Índice de Percepción de la Corrupción, pero sigue entre los países más opacos del continente. Mientras Sheinbaum presume avances en seguridad, los datos revelan extorsión al alza, infiltración criminal y una economía que recauda más… pero crece menos.
Ernesto Madrid
Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum reporta una disminución de hasta 42% en homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y enero de 2025, el nuevo Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional devuelve a México al terreno incómodo de siempre: 27 puntos sobre 100 y lugar 141 de 182 países. Un punto más que en 2024, sí, pero todavía entre las naciones donde la corrupción es regla, no excepción.
El organismo es claro: en México la corrupción ha permitido durante años la infiltración del crimen organizado transnacional en la política. No es una metáfora. Es un diagnóstico institucional. El país está hoy entre los diez del continente donde la ciudadanía percibe mayor corrupción, muy por debajo del promedio regional (42 puntos), y comparte lista con Brasil y Colombia como territorios donde el crimen ya no sólo disputa calles, sino decisiones públicas.
La paradoja es evidente: el gobierno celebra bajas en delitos de alto impacto, pero el propio IPC advierte que más del 90% de los asesinatos de periodistas ocurre en países con calificaciones inferiores a 50 —entre ellos México—, particularmente peligrosos para quienes investigan corrupción. La violencia se mueve; no desaparece.
México Evalúa pone el otro espejo. Aunque la violencia letal cayó 8.6% el último año, el acumulado desde 2015 es 68.2% mayor. Las desapariciones crecieron 212.9% y la extorsión 78%, señales de territorios donde el Estado compite con estructuras criminales que ya ejercen control de facto. Menos balazos visibles, más silencios forzados.

México: menos homicidios, más corrupción
En economía, el contraste tampoco favorece al relato oficial. La recaudación alcanzó un máximo histórico, pero el crecimiento fue apenas de 0.7%. El déficit se mantuvo elevado y Pemex, por primera vez, costó más de lo que aportó tras recibir transferencias extraordinarias. La deuda pública llegó a 53.1% del PIB y la inversión pública cayó a su nivel más bajo desde 2007, según datos de Hacienda.
Más ingresos, menos crecimiento. Más gasto, menos inversión productiva.
Analistas del IMCO y del CIEP coinciden en la receta que nadie quiere tomar completa: condicionar apoyos a inversión real, elevar la transparencia —especialmente en empresas estatales— y establecer reglas fiscales claras. Porque sin eso, la estabilidad se vuelve narrativa y la transformación, eslogan.
Transparencia Internacional lo resume sin rodeos: “años de inacción gubernamental han erosionado la democracia y permitido el crecimiento del crimen organizado, socavando derechos humanos, servicios públicos y seguridad”. No habla sólo del pasado. Habla del presente que Sheinbaum heredó… y ahora administra.
Las reformas pueden pasar rápido por el Congreso. La legitimidad, no. Esa se construye con resultados medibles: seguridad real, finanzas sanas y un combate frontal a la corrupción que vaya más allá del discurso mañanero.
Por ahora, el segundo piso de la Cuarta Transformación enfrenta su examen más incómodo: demostrar que puede gobernar mejor de lo que comunica.
@JErnestoMadrid
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