• Aunque el índice general sigue dentro del rango objetivo, la inflación subyacente alcanzó su nivel más alto en casi dos años, encendiendo alertas sobre el impacto real de los impuestos “silenciosos” en el bolsillo de las familias.
Ernesto Madrid
El impacto ya se siente en la mesa, en el transporte y en los servicios básicos. Enero cerró con una inflación anual de 3.79% y con alimentos, bebidas y servicios encareciéndose justo cuando millones de familias aún resienten la cuesta de inicio de año.
No es una variación menor. Es una señal de alerta.
La inflación subyacente —la que refleja presiones estructurales y sobre la que actúa el Banco de México— alcanzó 4.52% anual, su nivel más alto en 22 meses. Dentro de este componente, las mercancías alimenticias se dispararon: alimentos, bebidas y tabaco crecieron 6.13% anual, mientras los servicios avanzaron 4.48%.
Ahí está el verdadero problema: los precios esenciales volvieron a acelerar.
El repunte no es casual. Buena parte del aumento está ligado a la reciente modificación del IEPS, un ajuste fiscal discreto, pero con impacto directo en el consumo cotidiano. Cigarrillos y refrescos encabezaron las alzas, seguidos por loncherías, restaurantes y vivienda. En otras palabras, los nuevos impuestos ya se están trasladando al consumidor.
Aunque algunos energéticos ayudaron parcialmente —la gasolina magna y el gas LP mostraron caídas anuales—, ese alivio fue insuficiente para compensar el encarecimiento de alimentos y servicios.

Inflación escala a 3.79% y la subyacente toca máximo de 22 meses
El resultado es claro: la inflación dejó de bajar.
Por eso, el pasado 5 de febrero de 2026, el Banco de México decidió mantener su tasa de referencia en 7.00%, interrumpiendo una racha de recortes consecutivos. La decisión fue unánime y vino acompañada de un mensaje inequívoco: pausa, no fin del ciclo, ante un repunte en las expectativas inflacionarias.
Más aún, Banxico eliminó cualquier guía sobre futuros movimientos. A partir de ahora, todo dependerá del comportamiento de los precios.
Mientras la inflación subyacente permanezca por encima del rango objetivo (3% ±1%), no hay margen para relajar la política monetaria.
A este escenario se suman presiones adicionales: posibles efectos de aranceles, aumentos acumulados en costos laborales y un crecimiento económico moderado. Para el cierre de 2026, las proyecciones ya apuntan a una inflación cercana al 4.2%.
El fenómeno tampoco es parejo. Quintana Roo y Oaxaca lideran con tasas cercanas al 5%, seguidos por Campeche, Jalisco y Ciudad de México. En contraste, Baja California y Tlaxcala registran los menores niveles.
La preocupación de fondo es evidente: los precios esenciales vuelven a subir justo cuando el gobierno aplica ajustes fiscales indirectos y el banco central se ve obligado a pisar el freno.
Traducido: la cuesta de enero no fue un episodio aislado. Es el inicio de una presión inflacionaria más persistente. Y esa factura, como siempre, termina pagándola la sociedad.
@JErnestoMadrid
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