Casa Opinión Bancos ganan como nunca, mientras el crimen se infiltra en sus bóvedas

Bancos ganan como nunca, mientras el crimen se infiltra en sus bóvedas

por Redacción
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• Mientras México enfría su economía, los bancos superan los 300 mil millones en utilidades, amplían su margen financiero y operan en un sistema donde conviven recursos públicos, cuentas criminales y ahorros ciudadanos sin que nadie rinda cuentas

Ernesto Madrid

La desaceleración económica de 2025 no tocó a la banca. Al contrario. En el primer año del gobierno de Claudia Sheinbaum, las instituciones financieras privadas alcanzaron ganancias históricas por 304 mil 400 millones de pesos, un crecimiento real de 1.10%, de acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

El negocio es simple: comprar barato el dinero y venderlo caro. Mientras los ahorradores reciben rendimientos mínimos, los deudores pagan tasas elevadas. Así, el margen financiero —la diferencia entre intereses cobrados y pagados— rozó el billón de pesos: 916 mil 158 millones al cierre de 2025.

Incluso con un crecimiento moderado del crédito (2.82%) y un aumento de la morosidad a 2.17%, la banca no pierde. Nunca pierde.

Pero el problema no es solo económico. Es estructural.

Los bancos operan como bóvedas legales donde conviven nóminas públicas, fondos antipobreza, recursos municipales, cuentas de defraudadores y flujos del crimen organizado, bajo una supervisión que ha normalizado la opacidad.

Diversos municipios del país han visto cómo recursos federales destinados a combatir la pobreza extrema —particularmente los del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS), incluido en el Ramo 33— son capturados por grupos criminales mediante presiones territoriales, control de obras públicas y coerción a autoridades locales.

Uno de los casos más ilustrativos es el del municipio de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, donde la cuenta de la Secretaría de Finanzas estatal fue trasladada de Banobras a Banamex. De acuerdo con testimonios y documentación en poder de este portal, el entonces presidente municipal, Silvano Calderón, habría entregado la chequera al crimen organizado, que posteriormente utilizó esos recursos para cometer fraudes en distintos estados, incluida la Ciudad de México.

Bancos ganan como nunca, mientras el crimen se infiltra en sus bóvedas

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Pese a mantener los fondos en sus cuentas, Banamex no asumió responsabilidad alguna, dejando en el limbo legal a clientes honestos y exhibiendo un patrón recurrente: los bancos cobran comisiones, preservan saldos y evitan rendir cuentas, mientras el daño recae sobre ciudadanos y comunidades.

Existen evidencias de que estos grupos criminales han convertido fondos antipobreza en fuentes paralelas de financiamiento ilícito, imponiendo cuotas, direccionando contratos y capturando presupuestos municipales completos.

Este patrón se repite: dinero lavado, defraudadores protegidos y clientes honestos desamparados.
Mientras tanto, las utilidades se concentran. BBVA encabezó la lista con 98 mil 946 millones de pesos (32.5% del total). Le siguieron Banorte (47 mil 380 mdp), Santander (32 mil 329), Inbursa (22 mil 528), Banamex (16 mil 96) y Citi (11 mil 314). Todos ganaron. Todos cobraron.

Más abajo aparecen Scotiabank, Banco del Bajío, HSBC, Banco Azteca y Banregio, todos con ganancias multimillonarias, incluso en un año marcado por menor crecimiento y mayor presión financiera sobre la población.

Mientras la banca privada consolida utilidades récord, el Banco del Bienestar —pieza central del discurso social del gobierno— opera en condiciones precarias. Un informe de su Órgano Interno de Control revela que 84% de sus sucursales carecen de instrumentos jurídicos vigentes que acrediten la propiedad o uso de los terrenos donde están construidas.

De las 2 mil 750 sucursales del plan de expansión, solo 431 cuentan con contratos de comodato, escrituras o actas formales. El resto funciona en una suerte de limbo legal.

Así, mientras la banca privada perfecciona un modelo que maximiza ganancias —incluso al amparo del dinero sucio—, el banco público apenas sirve para dispersar presupuesto sin estructura sólida.

El sistema financiero mexicano compra barato, vende caro, tolera flujos ilícitos y socializa pérdidas. Las autoridades miran a otro lado. El crimen se infiltra. Los ahorradores pagan el costo.

En el México de la desaceleración, la banca vuelve a dejar claro quién manda: pase lo que pase, siempre gana.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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