T-MEC: entre el optimismo empresarial y la realidad económica

Ernesto Madrid

En medio de la incertidumbre global, una parte del sector empresarial mantiene una lectura optimista sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.

Para Pedro Casas Alatriste, director de la American Chamber of Commerce de México, y analista de Grupo Banorte, el escenario más probable no es la ruptura del acuerdo, sino su continuidad con ajustes. Desde su perspectiva, Estados Unidos no tiene incentivos reales para abandonarlo y la revisión prevista responde más a una lógica de actualización industrial que a un replanteamiento del modelo de integración.

Casas sostiene que México y Estados Unidos comparten un objetivo estratégico: reindustrializar sus economías y fortalecer las cadenas regionales de suministro. Bajo esa lógica, la llamada “norteamericanización” de la producción podría ampliar oportunidades para México, sobre todo si Washington mantiene un trato arancelario preferencial.

Ese optimismo empresarial contrasta con la estrategia política del gobierno mexicano. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha buscado reforzar la relación con Canadá mediante nuevas alianzas comerciales y misiones empresariales, con la intención de llegar a la revisión del tratado con mayor coordinación regional.

Pero el contexto político y económico dista de ser estable. La presión de Donald Trump —que ha vuelto a colocar aranceles y comercio en el centro de su discurso— añade incertidumbre a la negociación, mientras la inseguridad persistente en México sigue pesando en la percepción de riesgo para nuevas inversiones.

En el frente interno, las señales económicas tampoco son alentadoras. La Inversión Fija Bruta cayó 2.98% en febrero, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, acumulando su segundo retroceso mensual consecutivo. La caída se concentró en maquinaria y equipo, justo el componente que el gobierno de Claudia Sheinbaum esperaba impulsar con el llamado Plan México.

T-MEC: entre el optimismo empresarial y la realidad económica

Desde el sector empresarial, la Confederación Patronal de la República Mexicana reconoce avances en ese plan —particularmente en simplificación regulatoria y ventanilla única—, pero advierte que, sin certeza jurídica, seguridad y confianza institucional el impacto será limitado. Según #DataCoparmex 2025, casi la mitad de las empresas enfrenta obstáculos por trámites administrativos y dedica en promedio 82 horas mensuales a su cumplimiento.

Los indicadores económicos refuerzan la preocupación. El PIB se contrajo 0.8% en el primer trimestre de 2026 y la inversión física del sector público federal cayó 15.6%, señales que apuntan a una desaceleración más profunda.

Desde el ámbito académico, la lectura es más matizada. El economista Gerardo Esquivel, de El Colegio de México, sostiene que la economía mexicana no enfrenta una situación crítica, aunque reconoce que el crecimiento es bajo y que la inversión será clave para fortalecer la resiliencia económica.

En ese contexto —y tras la reciente visita del representante comercial estadounidense Jamieson Greer— queda claro que la discusión del tratado se mueve hacia un modelo comercial más administrado, con aranceles sectoriales y prioridades industriales.

Paradójicamente, México llega a esa revisión con una posición comercial más fuerte que en cualquier negociación con Estados Unidos desde 1994. Datos del gobierno estadounidense muestran que, en el primer trimestre de 2026, las importaciones de ese país provenientes de México crecieron 5.1% anual, mientras que las compras al resto del mundo cayeron 13.8%.

La presencia mexicana en el mercado estadounidense también se ha ampliado: su participación pasó de 13.2% en 2015 a 16.9% en marzo de 2026. Solo en el primer trimestre, México exportó a Estados Unidos 38 mil millones de dólares en vehículos, autopartes y motores, lo que representa casi cuatro de cada diez dólares que esa industria importa.

Lo relevante es que ese desempeño ocurrió a pesar de los aranceles vigentes, incluidos los gravámenes de la Sección 232 sobre acero y aluminio y las tarifas aplicadas a vehículos, precisamente los sectores que sostienen buena parte del comercio bilateral.

Así, entre el optimismo empresarial, las alianzas diplomáticas y la presión política de Washington, México se prepara para revisar su principal acuerdo comercial con una economía que desacelera, pero con un peso comercial que hoy resulta imposible ignorar.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

Related posts

Banxico pisa el freno

La SEP acorta el ciclo escolar: del calor al Mundial, la educación queda en tiempo extra

Trump aprieta, Sheinbaum evade