Banamex y el reto de Chico Pardo

• La reconfiguración directiva y accionaria marca el inicio de una nueva etapa para Banamex. Entre la presión competitiva regional, la irrupción fintech y los cuestionamientos históricos sobre el sistema financiero mexicano, el banco enfrenta el reto de redefinir su posición en América Latina.

Ernesto Madrid

La salida de Manuel Romo de la dirección general de Banamex no es un simple relevo administrativo. Representa el primer movimiento visible del nuevo equilibrio de poder dentro de una institución que atraviesa una profunda reconfiguración tras su separación de Citigroup.

El nuevo centro de gravedad es Fernando Chico Pardo, presidente del consejo y principal articulador del bloque de inversionistas que adquirió la institución. Bajo su conducción, Banamex intenta redefinir su estrategia frente a un mercado cada vez más competido y tecnológicamente disruptivo.

La llegada de Edgardo del Rincón a la dirección general —con una trayectoria de más de tres décadas dentro del banco y experiencia reciente en BanBajío— apunta a fortalecer el negocio tradicional: tarjetas, banca corporativa y financiamiento a pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, el contexto regional y estructural del banco plantea desafíos más profundos.

De acuerdo con el ranking 2026 de S&P Global Market Intelligence, Banamex cayó seis posiciones en el listado de los mayores bancos de América Latina por tamaño de activos, ubicándose en el lugar 16. El dato es revelador por varias razones.

Primero, confirma la pérdida de peso relativo del banco frente a instituciones de economías más dinámicas como Brasil, Chile o Colombia. En el ranking regional, bancos como Itaú Unibanco dominan el sistema financiero latinoamericano, mientras que en México los líderes son BBVA México, Banorte y Santander México.

Banamex y el reto de Chico Pardo

Segundo, evidencia el impacto de los nuevos jugadores digitales. El neobanco brasileño Nubank ya supera a Banamex en tamaño de activos, reflejando el cambio de paradigma en la banca regional. La propia S&P sintetiza el fenómeno: mientras Brasil concentra 20 de los 30 bancos más grandes de América Latina, México apenas coloca seis instituciones en esa lista, con activos muy por debajo del sistema brasileño.

El rediseño accionarial del banco también revela otra realidad: la llamada “mexicanización” de Banamex es más narrativa política que realidad financiera. El nuevo grupo accionario está compuesto por fondos globales como General Atlantic, Blackstone y BTG Pactual, así como inversionistas estratégicos como Liberty Strategic Capital —fundado por el exsecretario del Tesoro de EE.UU. Steven Mnuchin—, la aseguradora Chubb, Afore Sura y el fondo soberano Qatar Investment Authority. Ninguno de estos actores posee más de 5% del capital, lo que convierte a Chico Pardo en el principal intermediario entre los inversionistas y el poder operativo del banco.

El proceso forma parte de la estrategia global de Citi para salir del negocio de banca de consumo en México, una operación cuyo cierre total se proyecta hacia 2027.

Más allá de los movimientos corporativos, Banamex también enfrenta los desafíos estructurales del sistema financiero mexicano. Diversos informes de organismos internacionales, como el Grupo de Acción Financiera Internacional, han advertido históricamente sobre los riesgos de lavado de dinero en el sistema bancario mexicano debido al peso del crimen organizado en la economía informal y regional.

Aunque las autoridades financieras —como la Comisión Nacional Bancaria y de Valores— han reforzado los mecanismos de prevención, el sector bancario sigue bajo escrutinio permanente.

México es uno de los países con mayores flujos ilícitos estimados en la región, lo que obliga a los bancos a invertir en sistemas de cumplimiento, monitoreo de transacciones y controles regulatorios cada vez más sofisticados.

Para Banamex, que durante décadas fue uno de los pilares del sistema financiero mexicano, el reto es doble: recuperar competitividad en el mercado regional y, al mismo tiempo, demostrar fortaleza institucional frente a un entorno donde la reputación y la transparencia son activos tan importantes como el capital.

En términos estratégicos, el desafío de Chico Pardo no es únicamente reorganizar la estructura directiva del banco. Su objetivo real es reconstruir la narrativa de Banamex como institución relevante en América Latina. Para lograrlo deberá enfrentar tres frentes simultáneos: recuperar participación en el mercado mexicano, competir contra las fintech que están redefiniendo la banca de consumo y sostener la gobernabilidad de un banco respaldado por capital global.

La salida de Romo marca apenas el primer capítulo de ese proceso. El resto dependerá de si Banamex logra algo que hoy parece cada vez más difícil en la región: volver a ser un banco protagonista y no solo una institución histórica en transición.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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