¿Soberanía petrolera?

• Mientras México se mantiene entre los mayores consumidores de gasolina del mundo y paga uno de los precios más altos, el gobierno defiende como “humanitaria” y “soberana” la política de envío de crudo a la isla, aun en medio de presiones internacionales y silencios oficiales.

Ernesto Madrid

La presidenta Claudia Sheinbaum descartó que la cancelación —y eventual reactivación— de los envíos de petróleo mexicano a Cuba responda a presiones de gobiernos extranjeros, pese a las críticas abiertas del expresidente estadounidense Donald Trump y de otros actores políticos en Washington. En su conferencia matutina, la mandataria sostuvo que se trata de una decisión “soberana” del Gobierno de México y de Petróleos Mexicanos (Pemex), enmarcada en una práctica que —según dijo— ha ocurrido de manera intermitente durante años.

“Es una decisión soberana y Pemex toma sus decisiones. La decisión de México de vender o dar, por razones humanitarias, a Cuba petróleo tiene que ver con una decisión soberana que viene de muchos años, no es reciente”, afirmó Sheinbaum, sin precisar si los envíos se reanudarán pronto o si, como en otros periodos, disminuirán de forma significativa.

La declaración se produce en un contexto internacional particularmente tenso para la isla. La presión del gobierno estadounidense se ha intensificado tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, en una operación de fuerzas estadounidenses que lo trasladaron a Washington, donde enfrenta cargos por tráfico de drogas. Venezuela cubría en 2025 cerca del 30% de las necesidades energéticas de Cuba, una provisión que hoy está fuera de juego y que el Estado cubano difícilmente puede sustituir por la falta de divisas.

En ese vacío energético, México comenzó a jugar un papel más visible. De acuerdo con datos de Bloomberg, Pemex envió durante el año pasado un promedio de un barco mensual, equivalente a unos 20 mil barriles diarios de crudo. Sheinbaum ha defendido estos suministros como una “ayuda humanitaria” a un país que enfrenta apagones crónicos, escasez de alimentos y combustible.

Sin embargo, esa narrativa de continuidad se vio interrumpida cuando Pemex retiró de su calendario un cargamento programado para enviarse a mediados de enero, cuyo arribo a Cuba estaba previsto antes de finalizar el mes que, contrasta con la contundencia del mensaje publicado por Donald Trump días después:

“NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA — ¡CERO! Sugiero firmemente que hagan un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”.

¿Soberanía petrolera?

Mientras la discusión diplomática se libra en el terreno de la soberanía y la ayuda internacional, el frente interno ofrece otro ángulo menos retórico. México se encuentra entre los países con mayor consumo de gasolina del mundo. De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), en 2024 el país se ubicó entre los 12 mayores consumidores de productos petrolíferos, con un promedio diario de 1.85 millones de barriles. Esta posición es incluso superior a la que México ocupa por tamaño de economía a nivel global de acuerdo con un análisis de Banamex Citi.

Del total de su consumo de petrolíferos, el 40% corresponde a gasolina, seguido del diésel (21%) y el gas LP (15%). Con ello, México se convierte en el segundo país con mayor consumo relativo de gasolina, solo por debajo de Estados Unidos (44%) y por encima de economías como Indonesia (39%), Brasil (35%) y Canadá (32%).

A este elevado consumo se suma un precio internacionalmente alto. Entre los 12 países de mayor consumo de petrolíferos, México fue en enero de 2026 el segundo con la gasolina de alto octanaje más cara, con un promedio de 25.6 pesos por litro, solo detrás de Alemania (36.2 pesos) y por encima de Corea del Sur (23.7). En el extremo opuesto, Irán registró el precio más bajo, con apenas 0.52 pesos por litro.

El elevado precio doméstico no responde únicamente a factores estructurales. En la práctica, el precio de la gasolina magna se ha mantenido anclado alrededor de los 24 pesos por litro, lo que ha impedido que las reducciones en los precios internacionales y la apreciación del tipo de cambio se reflejen plenamente en el bolsillo del consumidor. Si bien este esquema ha contribuido a estabilizar la inflación y normalizar la recaudación del IEPS, también ha bloqueado el traspaso a la baja en un entorno externo más favorable.

El resultado es una paradoja persistente: aun cuando el costo de importación se reduce, el precio interno permanece elevado, colocando a México entre los países con la gasolina más cara frente a economías comparables.

La dimensión fiscal completa el cuadro. El presupuesto público para 2026 anticipa ingresos equivalentes al 23.2% del PIB, un aumento frente al 22.4% estimado para 2025. Buena parte de ese incremento provendrá del IEPS a ciertos productos, con 47.7 mil millones de pesos adicionales, así como de la aplicación de aranceles a importaciones de países sin tratado comercial, por 103 mil millones de pesos más. Todo ello ocurre en un escenario de menores precios del petróleo y de apreciación cambiaria, sin que ello se traduzca en un alivio para el precio de la gasolina al consumidor.

Así, mientras el discurso oficial reivindica la soberanía energética y la solidaridad internacional, el mercado interno sigue pagando gasolina cara, sosteniendo una recaudación estable y observando, desde la fila de la estación de servicio, cómo el petróleo mexicano viaja primero hacia afuera.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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