• La caída del líder del CJNG no desmantela su red global; al contrario, abre una fase de reacomodo que podría tensar la seguridad en Guadalajara y otras sedes mundialistas.
Ernesto Madrid
Durante años, el Cártel Jalisco Nueva Generación dejó de ser una organización regional para convertirse en una arquitectura criminal de alcance transnacional. Laboratorios clandestinos, control de puertos estratégicos, robo de combustible, trata de personas, fraudes turísticos y exportación masiva de metanfetaminas y fentanilo: un portafolio diversificado, como lo describió la propia Drug Enforcement Administration (DEA) en su informe de 2024, donde definió su estructura como un modelo de “franquicia” criminal.
La eventual caída y muerte de su líder histórico, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, representa el golpe más relevante contra esta organización desde la recaptura de Joaquín Guzmán Loera en 2016. Pero no equivale, necesariamente, a su desarticulación.
De acuerdo con análisis de AC Consultores y reportes de la Unidad de Inteligencia Financiera, el CJNG consolidó presencia en alrededor de 28 a 30 entidades federativas, con control dominante en Jalisco, Michoacán, Nayarit y Guanajuato. Armando Rodríguez Luna, investigador del CASEDE, ha advertido que presencia no es sinónimo de dominio absoluto, pero en esos estados el grupo no disputa el poder: lo ejerce.
En el plano internacional, la DEA documenta operaciones en América, Europa, Asia y Australia. Investigaciones periodísticas han señalado incluso nodos logísticos en África y una oficina detectada en España. Desde 2015, la Office of Foreign Assets Control (OFAC) incluyó a Oseguera en la lista de narcotraficantes especialmente designados; en 2022 fue colocado en el primer sitio de los más buscados por la DEA. En febrero de 2025, bajo la administración de Donald Trump, la organización fue catalogada como Organización Terrorista Transnacional, una etiqueta que amplía las herramientas financieras y penales contra sus redes.
Los tentáculos del “Cuatro Letras” ante el Mundial
Ese nivel de penetración no se construyó en meses. Coincidió con una etapa de repliegue discursivo del Estado mexicano, cuando desde 2019 el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el “fin de la guerra” contra el narcotráfico y priorizó la estrategia de “atender las causas”. En ese mismo periodo, el CJNG multiplicó laboratorios sintéticos y expandió economías paralelas: huachicol, minería ilegal, extorsión sistemática y control territorial.
Eliminar a la cabeza no implica que el cuerpo desaparezca. Las organizaciones con estructura vertical suelen enfrentar tres escenarios tras la caída de su líder: sucesión pactada, fragmentación violenta o disputa externa.
El nombre que comienza a mencionarse con mayor frecuencia es el de Audias Flores Silva, “El Jardinero”, señalado por autoridades estadounidenses en investigaciones relacionadas con fraudes de tiempos compartidos en Puerto Vallarta, que derivaron en sanciones del Departamento del Tesoro. Si la sucesión estaba prevista, podría haber continuidad operativa. Si no, la fragmentación elevaría la violencia focalizada.
El CJNG no depende de un solo negocio. Opera como conglomerado: drogas sintéticas para exportación, contrabando de tabaco —documentado por investigaciones de InSight Crime—, alianzas con grupos como Guerreros Unidos, células del Cártel de Santa Rosa de Lima y, más recientemente, vínculos operativos con el Tren de Aragua en rutas migratorias. Esa diversificación amortigua los golpes.
La dimensión temporal agrega otro factor: el Mundial de Futbol. Guadalajara figura como una de las sedes y, según fuentes de seguridad consultadas en Washington, existía preocupación por posibles acciones disruptivas en el occidente del país. La urgencia política para concretar la operación respondió también a ese contexto internacional: no se trata sólo de seguridad interna, sino de imagen global.
Un evento de esa magnitud exige control territorial y estabilidad. La experiencia mexicana demuestra que tras la captura o muerte de un líder de alto perfil suelen venir ajustes violentos. La recaptura de “El Chapo” provocó reacomodos internos en el Cártel de Sinaloa; la neutralización de líderes regionales ha derivado históricamente en picos de homicidios localizados.
La pregunta estratégica no es si el Estado puede ejecutar un operativo exitoso. La pregunta es si puede sostener el control después.
El CJNG construyó una red financiera y operativa que trasciende a su fundador. Si la estructura estaba institucionalizada, veremos continuidad. Si no, el reacomodo puede traducirse en disputas internas o en ofensivas de rivales para capturar plazas clave en Jalisco, Michoacán y Guanajuato.
Con el Mundial en el horizonte y la mirada internacional sobre México, el margen para errores es mínimo. La caída del líder envía un mensaje de fuerza. Pero el verdadero examen será evitar que los tentáculos del “cuatro letras” se muevan con más violencia al perder su cabeza.
Porque en el ecosistema criminal mexicano, el poder no desaparece: se redistribuye. Y cada redistribución tiene consecuencias.
@JErnestoMadrid
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