• La economía mexicana arranca 2026 con la generación de empleo más baja en dos décadas mientras el banco central acelera los recortes de tasas en medio de presiones inflacionarias.
Ernesto Madrid
La economía mexicana comenzó 2026 con una señal de alerta que suele anticipar ciclos complicados: el empleo formal se está desacelerando mientras la inflación sigue lejos de su objetivo. En medio de ese escenario, el Banco de México ha decidido acelerar el recorte de tasas de interés.
Los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) muestran que en el primer trimestre del año se generaron 207 mil 604 empleos formales, el arranque más débil desde 2005 si se excluyen episodios extraordinarios como la crisis financiera de 2008 o la pandemia de 2020 de acuerdo con un comparativo de México ¿cómo vamos?
La cifra está por debajo del ritmo mínimo necesario para absorber la expansión del mercado laboral mexicano, estimado en alrededor de 100 mil empleos mensuales. No es casual que el indicador de generación de empleo formal de diversos centros de análisis haya encendido el semáforo en rojo.
El comportamiento mensual refleja esa fragilidad: enero inició con una pérdida de más de 8 mil empleos, febrero mostró un repunte con 182 mil nuevas plazas, pero marzo volvió a desacelerarse con apenas 32 mil puestos adicionales.
Detrás de estos números también aparece una tendencia estructural: si se compara con la trayectoria previa a la pandemia, México aún arrastra un déficit superior a 1.6 millones de empleos formales.
A esta señal se suma otra que suele anticipar cautela empresarial: los patrones afiliados al IMSS cayeron 2.7% anual en marzo, un indicador que sugiere menor dinamismo en la contratación.
¿Banxico bajará tasas con inflación al alza y empleo débil?
En paralelo, el Banco de México (Banxico) enfrenta un dilema complejo. La actividad económica muestra signos de enfriamiento —menor crecimiento del consumo, contracción de la inversión y debilidad del mercado laboral—, lo que ha llevado a la mayoría de los miembros de la junta a respaldar recortes adicionales en la tasa de interés.
El mercado anticipa que la tasa podría descender hasta 6.50% este año. El problema es que la inflación no acompaña ese diagnóstico. En marzo, la inflación general alcanzó 4.6% anual, su nivel más alto en 16 meses, mientras la inflación subyacente —la que refleja presiones más persistentes— continúa mostrando resistencia como lo advierte los datos del Instituto Nacional de Estadística (Inegi).
Además, el componente no subyacente ha registrado fuertes aumentos en frutas, verduras, energéticos y tarifas, reflejando choques de precios que complican la trayectoria inflacionaria. El resultado es un escenario incómodo y preocupante para la política monetaria: una economía que pierde dinamismo, pero con presiones inflacionarias que no terminan de disiparse se desprende de los análisis de Bnakaool y Banamex.
Si Banxico logra equilibrar ese dilema, los recortes de tasas podrían ayudar a suavizar la desaceleración económica. Pero si la inflación vuelve a repuntar o el tipo de cambio enfrenta episodios de volatilidad global, el margen de maniobra del banco central podría reducirse rápidamente.
Por ahora, el mensaje es claro: el empleo empieza a enfriarse y la inflación sigue encendida. En ese cruce de señales, la política monetaria entra en su fase más delicada.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com